Según la más reciente encuesta de hogares y pobreza en Nicaragua*, el 70% de los nicaragüenses ocupados, trabajan en el “campo informal”, es decir, 2 millones de personas trabajan por cuenta propia o están sub-empleados.

La carencia de empleos bien remunerados y  formales (que ofrezcan contrato, salario fijo, prestaciones y seguro social), ha obligado a la mayoría de nicaragüenses a crear su propia empresa o buscar la calle para ganarse el sustento.

De aquí que las ciudades de Nicaragua se caractericen por la abundancia de pequeños negocios, pulperías, comiderías, pequeñas farmacias, tortillerías, panaderías, tienditas de ropa usada, además de incontables vehículos y bicicletas que prestan servicio de transporte. En nuestras calles también, se puede comprar de todo: refrescos, frutas, hamacas, autos y auto-partes, perros de raza y especies exóticas, y en fechas especiales, rosas artificiales, adornos navideños, banderas y símbolos políticos.

“El nicaragüense no se muere de hambre,” reza un refrán que describe el ingenio de este pueblo que no cesa de generar ideas y de crear toda clase de micro-empresas que son el motor de nuestra economía.

Sin embargo, aunque el empleo informal ha sido la alternativa para sobrevivir el día a día, todavía no representa una garantía para la superación económica a largo plazo. El empleado informal es alguien con pocas posibilidades de capacitarse para mejorar su negocio y para acceder a créditos y préstamos.

Según la misma Encuesta, son pocos los trabajadores por cuenta propia que han recibido apoyo para su actividad. A nivel nacional alrededor del 6% declaró haber participado en alguna capacitación y solo el 2% reportó haber recibido algún tipo de asistencia técnica.

“¡En ese 2% entramos nosotros, gracias a Dios, ahí está nuestro granito de arena!” dice Freddy Méndez, coordinador del programa “Negocios para el Reino”, programa que se  ha enfocado en brindar asistencia técnica, acompañamiento y entrenamiento en principios bíblicos a un número creciente de cristianos que se ganan el sustento empujando un pequeño negocio.

Uno de esos cristianos es Taylor Chávez, un esforzado pastor y comerciante de carne de pollo de la ciudad de Chinandega, que lleva unos tres años participando en la red de negocios. “El taller sobre ‘La contabilidad del naranjero’ me desafió mucho,” dice Taylor, “ese estudio práctico y sencillo me ayudó a abrir más mi mentalidad contable para mi negocio,” añade.

El tema de la contabilidad es un asunto difícil para la mayoría de los empleados por cuenta propia, ellos están acostumbrados a llevar los números de su negocio “en la mente” o en un pequeño cuaderno informal, principalmente porque consideran que el negocio es pequeño y no es necesario contabilizar, o bien porque no saben cómo hacerlo, o consideran que no sirve de mucho.

Pero los talleres de contabilidad práctica ofrecidos en la red  “Negocios para el Reino,” están expandiendo esta mentalidad y equipando a los pequeños empresarios con algunas herramientas para su crecimiento. “Lo próximo que me gustaría aprender”, dice Taylor, “es a auditar mi negocio aunque no sea un auditor.”

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