Joel HuyserCorría el año 2001 y muchos maestros que recibían los talleres de Cosmovisión Bíblica se preguntaban si tal concepto pertenecía a una nueva doctrina. “Daniel, yo les diría que la doctrina es la misma, pero que ahora es aplicada a todas las áreas de la vida y no sólo al aspecto espiritual,” fue el consejo de Joel Huyser cuando le hablé de esa inquietud.

Hablar del hermano Huyser y su labor misionera, es hablar de una diversidad de aprendizajes. La recomendación que él me dio y que comparto en el párrafo anterior, modela la faceta del Joel que no te ordenaba, sino del que se involucraba imaginariamente en tu situación para encontrar lo que él haría en tu lugar. De esta forma te guiaba a lo que debías hacer.

Una tragedia nacional como el Huracán Mitch a finales de 1998, marcó el inicio para la unidad en propósitos y misiones de muchas personas y organizaciones cristianas que trabajaban de manera aislada en busca de una transformación integral en Nicaragua. La capacidad y terquedad de don Joel sirvieron para unir, como decía Rubén Darío, “tantos vigores dispersos.”

Sus gestiones para organizar los encuentros llamados “Round Table” ayudaron a que otros misioneros comprendieran mejor nuestra cultura y nuestra historia, y se dispusieran con mayor gozo y paz interior para colaborar entre sí.

Su capacidad de comunicador, sus ingeniosos y oportunos aportes conceptuales, su entendimiento filosófico y bíblico, su constante preparación en nuestra historia y cultura, pero sobre todo su gran humildad, capacidad de aprender de otros y entrega total al servicio del Reino y los demás, hizo posible que su labor misionera fructificara abundantemente, reconciliando y colaborando en diversas áreas como: Fortalecimiento Eclesial, Educación, Negocios, Desarrollo Comunitario, Liderazgo Juvenil, Matrimonios, etc., todas a través de su gran pasión: Centro Nehemías.

Otro aspecto de su labor misionera era que entendía muy bien la importancia de las personas en la labor integral del Reino. Sabía reconocer los dones y talentos de cada quien y tenía la capacidad de motivarlos para que dieran el máximo de su potencial de acuerdo a su vocación y llamado en su respectiva área de trabajo. Por lo tanto hacía una labor de consejero, guía, pastor, padre, proveedor, maestro, siervo, amigo y jefe, de una manera tan sutil y refinada que lo invitaba a uno a llegar a formular soluciones y determinaciones que parecía que eran de la propia cosecha. Esto provocaba que uno se comprometiera a cumplir y sobre cumplir con esas metas y objetivos.

Pero el semblante que más merece mi atención es la del Joel amigo, creyente reformado, siervo de Dios, esposo y padre de familia, reconciliador y pacificador, entusiasta, iconómaco, lleno de fe y esperanza, apasionado por la justicia personal, laboral y social. Conversar con el Joel humano, sencillo, humilde, lleno de paz y de visión era una gran experiencia religiosa. En cada una de estas facetas se mostraba de una manera tan sincera, simple y pequeña que lo hacía grande cuando le llamábamos “hermano Joel”.